El desenlace final es tan inevitable como Dios.

Actualizado: ago 6

La resistencia al dolor puede ser grande, pero no es ilimitada.

A la larga, todo el mundo empieza a reconocer, por muy vagamente que sea, que tiene que haber un camino mejor.

A medida que este reconocimiento se arraiga más, acaba por convertirse en un punto decisivo en la vida de cada persona,

Esto finalmente vuelve a despertar la visión espiritual y, al mismo tiempo, mitiga el apego a la visión física.

Este alternar entre los dos niveles de percepción se experimenta normalmente como un con conflicto que puede llegar a ser muy agudo.

Aun así, el desenlace final es tan inevitable como Dios

(UCDM, T.2, III, 3)

COMENTARIO:

Muchos buscadores espirituales hemos tenido que atravesar zonas de mucho dolor y sufrimiento para llegar a un gran cansancio en el que nos sentimos en una encrucijada. Sentimos en lo más hondo de nosotros que así ya no es posible seguir viviendo, que tiene que haber una manera mejor. Y entonces, aparece un libro, o una persona, o un vídeo, o un pensamiento que pone patas arriba toda nuestra vida.

Toda la energía volcada en haber construido nuestra vida según unos parámetros que habíamos considerado los apropiados nos parece un desperdicio. Nada en lo que habíamos apostado hasta ese momento parece llenar el gran vacío que siente nuestra alma.

Una verdadera enseñanza espiritual que apunte a lo más alto, que nos invite a disolvernos en la Fuente, nos abre a una Paz que no es de este mundo. Pero el camino, hasta que la visión espiritual se arraiga en nosotros, puede presentar algunas turbulencias.

Saborear la fragancia del Ser, aunque sea unos instantes, nunca se olvida. Percibir el mundo con el sistema de pensamiento del Espíritu, aunque sea fugazmente, ya nunca nos dejará indiferentes. Esa otra manera de vivir está aquí, en nosotros, y ya la estamos saboreando. Ahora, el contraste de vivir en desde el otro sistema de pensamiento, el del ego, se hace cada vez más angustioso. Cada vez que nos acercamos más y más a la Verdad, el dolor de mirar con los ojos del ego es más insoportable.

A momentos, el camino espiritual se parece a una travesía en el desierto. Hemos dejado atrás lo conocido y nos dirigimos hacia rutas desconocidas y eso puede asustarnos. Algunos místicos hablaron de la noche oscura del alma. No tiene porqué ser así pero, a veces, ocurre. El alma siente que vaga por tierras extrañas sin un lugar seguro donde echar el ancla. En el fondo, nos sabemos acompañados y eso nos da aliento para seguir caminando. En el fondo, la parte luminosa de nuestra mente sabe con absoluta certeza que el desenlace final es tan inevitable como Dios.


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